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viernes, 3 de septiembre de 2010

Cuarto sueño

Toda la gente en el pueblo conocía la maldición que pesaba sobre la casa y sobre todo aquel que la habitaba. Fue por eso que nunca se atrevían a salir a la calle cuando el nuevo inquilino de la tétrica mansión atravesaba el pueblo para tomar posesión de la misma. Todo aquel que llegaba nuevo era avisado de la historia de la casa, de las brutales muertes de aquellos que la habitaban y de todos aquellos que habían entablado amistad con ellos. Muchos explicaban que el primer dueño de la casa murió de forma brutal y nunca se supo quien o que lo había matado. El alma en pena de ese pobre hombre busca venganza por su muerte y mata a todo aquel que tenga relación directa con su casa, de la misma forma brutal en que fue asesinado. Todo el mundo sabía también que el pueblo se cubría de nubes de tormenta desde que llegaba el nuevo inquilino hasta su muerte que amanecía al día siguiente con un esplendido sol tras una noche abatidos por una feroz tormenta. Nadie duraba más de diez días.

Ya casi había terminado el plazo y todos esperaban la feroz tormenta que daría fin a la vida del dueño actual de la mansión, pero en vez de comenzar se oyó una explosión y todos salieron para ver que ocurría en la casa. La sorpresa y la alegría inundo a todos al darse cuenta de que en el lugar que solía ocupar la antigua mansión, ahora solo había unas humeantes ruinas. No solo se alegraron los vecinos del pueblo, sino que parecía que las nubes que los cubrían también se alegraban de que hubiese terminado la maldición y para celebrarlo no llovió sino que nevó, nevó toda la noche y todo el día, y en el pueblo hicieron fiestas para celebrar su felicidad, pero también hicieron un funeral para el ultimo dueño de la casa. Cuando los vecino se fueron a dormir, la nieve seguía incólume en toda la calle que llevaba hacia la casa, pero cuando amaneció todos pudieron ver miles de huellas que se alejaban de ella y todos supieron cual había sido el desenlace de la maldición.

martes, 8 de junio de 2010

Tercer sueño

Iba caminando por la calle como siempre, ignorando a las personas que a su alrededor cuchicheaban cuestionándose su origen. Ni siquiera ella lo sabía. ¡Cuantas noches había llorado por ese desconocimiento! había estado sola durante 17 años, desde que nació.

No conoció a sus padres y no le importaba el no haberlos conocido. Ellos la abandonaron. Por suerte, la metieron en un orfanato, pero ella era lago especial. Desde siempre todos la marginaban porque decían que era una bruja ya que si ella sonreía salía el sol y si lloraba siempre llovía. Todos la dejaban de lado porque le tenían. Por eso ella odiaba el orfanato saliendo de él todo lo que podía aunque volviese al final del día para dormir. Nadie la quería y ella no quería a nadie. Así estaba bien.

Ese día se levanto con ganas de ir al campo. Le gustaba ir a un pequeño bosque que había cerca. Le encantaba subir a lo más alto de los árboles y sentir el viento agitando su pelo. Además allí dejaba de oír a la gente, de escuchar los insultos e incluso evitar a los demás. Como las otras veces, fue al pie del árbol más grande y allí dejo las cosas. Descansó un poco de la caminata, miró hacia arriba y se preparo para su “ritual”. Ese “ritual” consistía en descalzarse y subir rama por rama hasta llegar arriba, deteniéndose a cada paso para sentir la brisa que cada vez era mayor.

Cuando subió a lo más alto, se asomo fuera de la capa de hojas para, como siempre, ver el bosque y el pueblo, pero cuando alzó la vista y miró a lo lejos solo vio un inmenso prado que llegaba hasta donde alcanzaba la vista. Al sur, a lo lejos asomaba una gran montaña y al norte se veía una zona helada. Había pequeños bosques dispersos por la llanura y el árbol estaba solo. El bosque a su alrededor había desaparecido.

-“Mi señora, por fin os encontramos. Debéis venir a resolver unos problemas que han surgido.”-grito una voz al pie del árbol.

Miró hacia abajo y entonces lo recordó todo. Al fin y al cabo no lo había olvidado nunca. Los dioses no saben que es el tiempo. Bueno, habría que hacer una pequeña excepción. El sueño ya había terminado. Ahora sus hijos la necesitaban, pensó mientras bajaba del árbol con un grácil salto.

Mientras tanto, en el bosque, al pie del árbol, los habitantes del pueblo habían encontrado las cosas de la chica. Cuando lo cogieron todo, el viento agitó los árboles y cayó algo del árbol más grande. Al recogerlo vieron que era el colgante que ella llevaba en todo momento.

-“Bueno, parece que ella al fin encontró su sitio.”-dijo el director del orfanato.

miércoles, 24 de junio de 2009

Segundo sueño

La noche caía sobre las montañas. Sin luz no podía seguir caminando. Se detuvo en una pequeña gruta que estaba al resguardo del viento. Llevaba meses en las montañas buscando el templo consagrado a las verdaderas creencias. Su alma tenía un gran vacío que ninguna religión conseguía llenar. Un día descubrió en la buhardilla de la casa que había comprado un manojo de cartas en las que se mencionaba el templo pero no decía de el nada mas que estaba en lomas alto de las cumbres del Himalaya. Después de eso buscó toda la información que pudo pero solo encontró un articulo publicado a mitad del s. XVIII en el que un escalador encontró “un extraño templo en el que se veneraban las verdaderas creencias”. Nadie creyó al escalador puesto que no dio ningún dato más de lo que había en el templo y fue tomado por loco. Pero él, que había leído las cartas, si le creyó. A los pocos días estaba en un avión rumbo a Nepal. Consiguió un guía, que le abandono en cuanto se entero del propósito del viaje, y provisiones para un año. Ya llevaba en las montañas perdido unos 11 meses y las provisiones se le estaban agotando. Mientras pensaba que todo esto había sido una necedad sintió una corriente de aire que transportaba el tañido de una campana. Salio de la gruta buscando el origen del sonido. Cuando volvió a oírlo se dio cuenta de que provenía de dentro de la gruta. Encendió una lámpara y comenzó a caminar siguiendo el sonido de la campana que cada vez era mas claro.
Entonces salio a una enorme caverna donde había una campana en el centro y tres entradas mas. Se acerco cuidadosamente a la campana y vio que sonaba gracias a unas piedras redondas que colgaban del techo mediante cuerdas y que se movían a merced del viento, golpeando la campana en su oscilación. Por cada una de las entradas llegaba una corriente de aire frió de la montaña, pero en contra de lo que pudiese parecer, la estancia era calida. Al pasar el haz de luz por la sala se dio cuenta de que alrededor de la campana había una escalera que descendía a otro nivel. Decidido a conocer porque estaba allí la campana tomo la escalera hacia lo desconocido. Cuando llego abajo encontró otra sala similar a la de la campana pero lo que había allí lo dejo petrificado. En mitad de un inmenso círculo de hogueras se alzaba un templo de piedra. No había encontrado ninguna descripción del templo pero nada mas verlo supo que era el lugar que buscaba desde hace casi un año.
Comenzó a caminar hacia la entrada del templo y al llegar empujo las puertas que encerraban el conocimiento de la verdadera fe. Cuando pasó al interior quedo sorprendido porque no había absolutamente nada allí. Se dispuso a irse cuando sintió un agudo dolor en la espalda y vio sobresalir de su pecho la punta de una flecha.
-“La verdadera fe no la encontraras con eso ojos. No te resistas y podrás encontrar ante ti lo que ansias.”-dijo una voz.
Se dio la vuelta y vio a un anciano que tensaba un arco y volvía a lanzar una flecha directa a su cabeza. Cerró los ojos para no volver a abrirlos en esta vida.

jueves, 19 de marzo de 2009

Primer sueño

La calle volaba bajo sus botas, las puertas se desplazaban a ambos lados como un difuso borrón. Solo se oía su respiración y los golpes de su calzado contra el empedrado suelo en su fatigosa carrera. Al poco se abrió ante él la plaza del mercado. El extraño paro en seco y dio media vuelta aguzando su oído ante cualquier ruido proveniente de la calle que acaba de abandonar.
La luna apenas alumbraba el pavimento durante el cuarto creciente y la lluvia de unas horas antes había apagado todas las antorchas. El raro personaje iba envuelto en una capa oscura y se movía con gestos rápidos y calculados. Comenzó a dar vueltas a la plaza buscando algo. En ese preciso momento se oyó un aullido agudo y prolongado desde algún lugar de la ciudad. El encapuchado cogió una vara que había entre los restos de un puesto y hecho a correr por un callejón alejándose de la fuente del aullido. No sabía cuanto podía seguir corriendo, manteniéndose lejos de lo que había aullado, pero cada vez estaba más cansado. Además, las nubes que antes desapareciesen, volvían y al poco llovía fuertemente. El hombre continuaba corriendo, vara en mano, sin saber por donde iba pero con el fuerte propósito de salir de las ruinas de la que un día fue la capital del reino.
Varios aullidos más se escucharon en la noche y el encapuchado no cesaba su correr. No sabía porque se había metido en esta expedición. Quizás las riquezas que había ocultas en el palacio, la emoción de la aventura, las ganas de salir del valle en el que se había criado, o cualquier otra cosa. Él ya no lo recordaba. Ahora solo pensaba en salir de allí con vida. En mitad de la lluvia no eran solo sus pasos los que se oían. También se escuchaba el galope de algo detrás de él. La oscuridad era inescrutable pero sabia que era lo que se acercaba. Bestias terribles que habían masacrado a sus compañeros cuando intentaron tocar el tesoro del palacio. Esas bestias eran las que le perseguían para matarlo.
Entonces sintió una ráfaga de aire proveniente de su derecha y al mirar la vio. Era la puerta de la ciudad. Su libertad estaba a solo unos pasos. Rápidamente se encaminó hacia la salida esperando que la leyenda fuese tan cierta en la parte de que las bestias no podían salir de la ciudad como la de que las bestias existían. Ya faltaba poco para salir pero vislumbró algo que le hizo frenar su carrera. Frente a la puerta había tres bestias que le impedían salir. El hombre las reconoció: eran las estatuas que vieron el y sus compañeros a la entrada de las ruinas. No había escapatoria. Estaba condenado.
A su espalda surgieron más bestias, las que le habían perseguido por la ciudad. La lluvia paró y el cielo se despejó con rapidez. La luna en el cielo sonreía en su cuarto creciente. Las criaturas lo rodearon. Él dejo caer la vara, toda lucha era inútil. Su muerte estaba ante sus ojos. Levanto la vista al cielo y espero la dentellada fatal. Las criaturas saltaron casi al unísono para caer sobre el y conseguir la mejor parte. La que iba mas avanzada abrió sus mandíbulas, rodeo su cuello con ellas y…

-“!Corten¡”-grito el director-“Ha quedado genial. Mañana rodaremos la siguiente toma, ¿de acuerdo? Ahora descansad que os lo merecéis.”